Hasta siempre...
Buenos días compañeros de viaje, de lecturas y de sueños, ya nos va quedando menos. Mañana, si todo sale según lo previsto, estaremos volando de Herat (Afganistán) a Bishkek (Kirguikistán), allí haremos noche, posiblemente a bastantes grados bajo cero, y a primera hora del jueves día 5, pondremos rumbo al Cairo haciendo escala en Estambul. Espero que tengáis ganas de seguir viajando porque aun nos queda mucho camino por recorrer. No os quejaréis, desde el calorcito de casa o de la oficina bien se viaja por el mundo, ¡eh! En fin, quiero que sepáis que, durante todo este tiempo, me he tomado la libertad, porque sé que hay confianza, de jugar a imaginarme que sentís el frío en la piel cuando yo lo siento, que os emocionáis conmigo cuando me despido de gente querida, que os recome la rabia por dentro al ver las injusticias que ven mis ojos, que compartís los momentos de melancolía y añoranza cuando me asaltan los recuerdos... es bonito imaginar que todo eso pasa y me hace sentiros más cerca, así que gracias a todos por estar ahí de una u otra forma.
Hace ya unos días que me despedí de la familia de Qala-i-Now. Todo fue bastante rápido porque me enteré la noche previa de que había un helicóptero de QiN a Herat a las 6:30 de la mañana. Teniendo en cuenta la inestabilidad meteorológica en esta época del año, no era cuestión de desaprovechar la oportunidad de salir con buen tiempo de la capital de Badghis, y mucho menos si era en helicóptero, que a uno todavía le gusta sentir la adrenalina correteando por sus venas. He de reconocer que el viaje en un Cougar del ejército, fue increíble. Al volar mucho más bajo que los aviones Hércules, y al ir con los portones laterales completamente abiertos para dejar espacio a los artilleros, aparte de pasar un frío que pela, las vistas son alucinantes: las montañas nevadas a escasos 200 metros de distancia, los pueblecitos de adobe mimetizados con las infinitas colinas, las cárcavas, el paisaje... disfruté como un enano echando fotos y grabando vídeos. Además, en un momento del viaje, ambos artilleros abrieron fuego. No me preguntéis por qué ni a qué, porque no lo sé. Bajo mi humilde e ignorante punto de vista, creo que estaban haciendo pruebas de tiro en una zona montañosa donde no había población alguna, o eso espero. De cualquier manera, os podéis imaginar el susto que me llevé, el corazón se me puso a mil; los petardos que tirábamos mi primo y yo en San Juan no tienen nada que ver con el ruido que hacen las ametralladoras al disparar, os lo aseguro. En fin, fue toda una experiencia digna de recordar.
A pesar de retener en la memoria la emoción de surcar el cielo, la extraña sensación que tuve la noche anterior a mi partida, aun me sigue rondando en el estómago. Mientras recogía las cosas de mi cuarto para hacer la maleta, noté como algo que sabía que tarde o temprano ocurriría, empezaba a hacerse realidad: el momento de la despedida estaba delante de mí. La mesa de escritorio quedó yerma, sin libros ni papeles por encima; las fotos de las paredes, algo descoloridas por el paso del tiempo, empezaron a sentirse huérfanas, y el armario donde tiempo atrás guardé mi ropa, empezó a tiritar de frío al quedar desnudo y sin abrigo. ¿No os parece como si las cosas adquirieran vida propia mientras las usamos, como si captaran una parte de nosotros mientras están a nuestro lado? Recuerdo una conversación que tuve con mi querido Miguelico Llamas (maravilloso escultor, para quien no lo conozca) donde me comentaba lo importante que era para él usar materiales que hubieran tenido un pasado, que hubieran sido usados, que tuvieran la energía de las manos que les dieron vida a lo largo de su historia. Sin saber muy bien el porqué, parte de esa energía, sale a la luz con el paso del tiempo, con la experiencia adquirida y nos transmiten algo especial, algo inexplicable pero completamente perceptible por los sentidos. En aquel momento, de aquella noche especial, recordé las palabras de Miguelico y le di la razón... o por lo menos, yo así lo sentí.
Al tener que marchar con tanta premura y urgencia, no me pude despedir de mucha gente como me hubiera gustado: Nasser, Wahid, Pestahz, Nickbeen, Zainab, Wahab, Abdullah, Merweis, Sardar, Hair Mohammad, Alí, Abul, Faiz, Haliq, Fazila, Rokshana, Safura, Lailoman (Laila), Malika, todos ellos gente con la que he convivido durante todo este tiempo y con los que he compartido momentos preciosos, y es que, a mi por lo menos, no me hacen falta hermosos paisajes, me sobra con estar rodeado de buena gente para disfrutar de la vida. En el fondo sé que durante estas dos semanas pasadas, ya me fui despidiendo de poco a poco de cada uno de ellos... por suerte, las nuevas tecnologías no dejan que nos alejemos demasiado de las personas que queremos.
Estando ya en Herat, he podido quedar con mi querido Barat Alí, el veterinario que ha trabajado, casi desde el principio, a mi lado. Él y Jawid, vinieron a la base militar a despedirse. Nos dijimos muchas cosas, nos dimos ánimos para el futuro, prometimos no dejar de escribirnos y nos dimos un abrazo de esos que no se olvidan nunca. Las palabras se marcharán con el viento, de eso estoy seguro, al final terminan por hacerlo tarde o temprano, pero las miradas y el calor de aquel abrazo, quedarán para siempre.
Ahora, toca emprender un nuevo camino, empezar a subir una nueva montaña con la ilusión y la incertidumbre que siempre nos genera lo desconocido, lo inexplorado. Es el momento de descubrir qué secretos se esconden allí arriba, donde la tierra y el cielo siempre terminan por encontrárse... Cada montaña es única, cada una es distinta a cualquier otra, incluso la misma montaña es diferente dependiendo del momento en que la subas y la gente con la que alcances su cima; así que el viaje que en pocos días emprenderemos está por escribirse todavía... ¿Nos vemos en el Cairo?
Besos para todos,
P.D. Podéis ver algunas fotos del viaje en helicóptero en: http://picasaweb.google.com/fsaneus/ViajeEnHelicoptero Y un vídeo en la siguiente dirección: http://www.youtube.com/watch?v=ZXQ3xa7xAPM A ver si os gustan. (El vídeo puede que tarde un poco en estar disponible porque lo acabo de subir, sed pacientes...)

No deja de sorprenderme lo rápido que pasan los días. Creo que la última vez que os escribí fue hace dos semanas. No tengo perdón de Alá, lo sé, pero os tengo que decir que no es fácil mantener el nivel periodístico del principio. A todo se va haciendo uno, y lo que por el mes de junio era una sorpresa constante, ahora se ha convertido en parte de mi vida, de mi rutina. Recuerdo las primeras sensaciones que tuve nada más bajar del Hércules del ejército, todavía con la cabeza como un bombo por el ruido ensordecedor de los motores: ese paisaje desértico, las calles polvorientas de Qala-i-Now, las mujeres enjauladas bajo el burka, los niños clavando sus miradas en mi, la luz, el calor, la erosión del terreno, los colores de los vestidos de las niñas, los burros, las cabras, las ovejas de karakul, las manos agrietadas por el trabajo en el campo de las personas mayores, las sonrisas... Todo era motivo de una fotografía, de un pensamiento, incluso de una canción... Ahora, con la calma y la sabiduría que te otorga el paso del tiempo, esas miradas forman parte de mi día a día, ya no son extrañas, ya son conocidas. Los gestos de las personas se interpretan de manera distinta, hay un lazo de unión que te hace sentir bienvenido donde quiera que vas. Al saludar ya no dudas si acercar la mejilla mientras das la mano, ya no se te olvida ofrecer el té, ni llevarte la mano al corazón para dar las gracias. Empiezas a entender algunas palabras en Dari, e incluso, las usas cuando puedes y te acuerdas, lo que te hace estar más cerca de la gente. Se que voy a echar de menos muchas cosas de este país el día de mañana...
Yo le dije que viajar es imprescindible para ser crítico y consecuente con lo que uno piensa de otras culturas, de otros países, pero que no se lleve a engaño, que cada país, cada cultura, tiene sus cosas buenas y malas, y ninguna es mejor que otra. Uno debe hacer para él, su propia cultura... cogiendo de cada una de las personas que pasan a su lado, lo mejor. Bara, con los ojos llenos de ilusión, me decía que le gustaría estar en un sitio donde nadie opinara sobre lo que hace o deja de hacer el vecino en su vida privada, un lugar donde no ir con miedo por la calle, donde uno no mandara sobre el resto, donde no existieran las armas... Todo esto lo comentaba imaginando que fuera de Afganistán el mundo es maravilloso. Yo traté de explicarle, que sí, que hay que luchar por eso, porque se respete a las personas siempre, sin mirar sus ropas, sus rasgos faciales, su género, su origen, su religión, sin importar si lleva el pelo largo o corto, respetando y aceptando que todos somos personas, ni más ni menos... diferentes, pero personas. Quise transmitirle que no debía caer en el error de despreciar todo lo que encierra su país, porque vive en un país fantástico donde la hospitalidad es una ley y la fidelidad con las personas que te rodean un principio de vida. Porque vive en un país donde el respeto por las personas mayores es máximo, y donde la gente disfruta ofreciéndote cuanto tiene (cuanto menos tienes menos necesitas para ti). Hay muchas cosas maravillosas en la cultura afgana que hay que conservar, y cada uno debe saber escoger con qué cosas desea quedarse y con qué cosas no. No nos vamos a engañar, hay mucha injusticia social en Afganistán y mucha crueldad, por supuesto, pero no hay que olvidar que la gente, la inmensa mayoría de las personas de cualquier nacionalidad, lo que quieren es vivir en paz, tener para comer, para educar a sus hijos, para vivir.
Acabo de regresar de una comida a la que hemos invitado a nuestros compañeros y compañeras afganas. Nos hubiera gustado poder compartir con todos la comida, pero la segregación de género está muy arraigada y ha sido imposible. Las mujeres han hecho su "fiestecilla" por su cuenta y los hombres por la suya. Yo me he reído mucho con ellas porque son encantadoras. Estaban dentro de nuestra cocina comiendo y bailando, pasándoselo bomba mientras los hombres, fuera, sólo comían. Es cierto que es su cultura y que no podemos cambiar nada, pero da mucha pena no poder compartir de igual a igual con ellos y con ellas los afectos y los buenos momentos. Hay una cosa que sin querer si que estamos haciendo y es ser naturales y demostrar cariño de cualquiera de las maneras, tanto hacia ellos como hacia ellas. Al final, esto se convierte en un viaje donde ambas culturas se encuentran y conocen desde el respeto y el cariño. Maneras diferentes de vivir y de comportarse se exponen la una a la otra. Cada uno ve con sus propios ojos otra forma de tratar a las mujeres, de comer; otras formas de relación... al cabo del tiempo, cada cual decide cómo quiere vivir, o cuál es la forma que mejor encaja en sus esquemas mentales. La única diferencia es que las mujeres afganas tienen difícil cualquier tipo de cambio.
par de semanas empezamos a construir los reservorios de agua en la zona de Abkamari; pues bien, el domingo pasado conseguí que nos dieran una escolta para ir a ver cómo iban los trabajos. De los 40 reservorios previstos, habíamos empezamos con 5 de ellos a modo de prueba, para ver en qué cosas podíamos mejorar el diseño y la gestión de los trabajadores. Cuando llegué al primero de los cinco, me quedé asombrado de la velocidad a la que iba el equipo de afganos. En cuestión de una semana, habían excavado más de cinco metros de agujero en vertical y más de 5 metros en horizontal. Me comentaba la gente, que estaban trabajando hasta de noche. Colgado de una garrucha, me bajaron al interior de uno de los \"pozos\"- reconozco que no las tenía todas conmigo pero fue divertido -, y pude ver la dureza del trabajo que estaban realizando. Casi sin luz, a muchos metros bajo tierra, un grupo de hombres picaba sin descanso, dando forma al interior de la tierra. Al ritmo de trabajo que llevan, en cuestión de unos 10 días terminan la excavación para empezar con los trabajos de mampostería. Es evidente que el invierno se acerca y que en unas pocas semanas hará tanto frío que será prácticamente imposible trabajar. Por eso, tomé la decisión de comenzar ya con los 35 reservorios restantes, de cara a que puedan estar operativos antes de las primeras nieves. Me dio mucha alegría ver que la gente está con ganas, que ponen ilusión en algo común. Aquí eso no es tarea fácil. Las diferencias tribales y de clanes, permanecen muy arraigadas en la cultura afgana desde la época de los mongoles y tienden a ser muy territoriales y egoístas con las comunidades que no pertenecen a su mismo clan. Cambiar ese tipo de cosas es muy complejo, pero otro lado, es la única forma de conseguir que el sistema ecológico en el que viven pueda soportar la carga humana y ganadera existente. Si no trabajan conjuntamente para ordenar el pastoreo, para reforestar, para asociarse, para construir presas que favorezcan al colectivo y no a la individualidad, poco van a conseguir. Para la primavera estamos preparando un proyecto de movilización de comunidades que no se a donde nos llevará porque el reto es importante. La inseguridad de la zona, la falta de personal cualificado afgano que pueda moverse con libertad, nuestra limitación de movimientos,... todo hace que las ideas que se gestan en la oficina tengan luego una muy difícil salida al exterior. Pero bueno, hay que intentarlo. Las infraestructuras están bien, es algo que están construyendo ellos y que perdurarán un tiempo limitado si las conservan adecuadamente, pero lo que seguro hará avanzar a este país, es la capacitación, la enseñanza. El problema son los plazos, los tiempos, como siempre. Los proyectos a largo plazo no dan resultados inmediatos y no venden, pero no hay otra alternativa si se quieren hacer bien las cosas. De momento parece que hay voluntad de apoyar la iniciativa. Al parecer España va a permanecer en Afganistán durante unos cuantos años más, así que estamos en el momento de apostar por algo viable y duradero en el tiempo.




