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Hasta siempre...

martes, 03 de febrero del 2009 a las 10:49
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Buenos días compañeros de viaje, de lecturas y de sueños, ya nos va quedando menos. Mañana, si todo sale según lo previsto, estaremos volando de Herat (Afganistán) a Bishkek (Kirguikistán), allí haremos noche, posiblemente a bastantes grados bajo cero, y a primera hora del jueves día 5, pondremos rumbo al Cairo haciendo escala en Estambul. Espero que tengáis ganas de seguir viajando porque aun nos queda mucho camino por recorrer. No os quejaréis, desde el calorcito de casa o de la oficina bien se viaja por el mundo, ¡eh! En fin, quiero que sepáis que, durante todo este tiempo, me he tomado la libertad, porque sé que hay confianza, de jugar a imaginarme que sentís el frío en la piel cuando yo lo siento, que os emocionáis conmigo cuando me despido de gente querida, que os recome la rabia por dentro al ver las injusticias que ven mis ojos, que compartís los momentos de melancolía y añoranza cuando me asaltan los recuerdos... es bonito imaginar que todo eso pasa y me hace sentiros más cerca, así que gracias a todos por estar ahí de una u otra forma.

Hace ya unos días que me despedí de la familia de Qala-i-Now. Todo fue bastante rápido porque me enteré la noche previa de que había un helicóptero de QiN a Herat a las 6:30 de la mañana. Teniendo en cuenta la inestabilidad meteorológica en esta época del año, no era cuestión de desaprovechar la oportunidad de salir con buen tiempo de la capital de Badghis, y mucho menos si era en helicóptero, que a uno todavía le gusta sentir la adrenalina correteando por sus venas. He de reconocer que el viaje en un Cougar del ejército, fue increíble. Al volar mucho más bajo que los aviones Hércules, y al ir con los portones laterales completamente abiertos para dejar espacio a los artilleros, aparte de pasar un frío que pela, las vistas son alucinantes: las montañas nevadas a escasos 200 metros de distancia, los pueblecitos de adobe mimetizados con las infinitas colinas, las cárcavas, el paisaje... disfruté como un enano echando fotos y grabando vídeos. Además, en un momento del viaje, ambos artilleros abrieron fuego. No me preguntéis por qué ni a qué, porque no lo sé. Bajo mi humilde e ignorante punto de vista, creo que estaban haciendo pruebas de tiro en una zona montañosa donde no había población alguna, o eso espero. De cualquier manera, os podéis imaginar el susto que me llevé, el corazón se me puso a mil; los petardos que tirábamos mi primo y yo en San Juan no tienen nada que ver con el ruido que hacen las ametralladoras al disparar, os lo aseguro. En fin, fue toda una experiencia digna de recordar.

A pesar de retener en la memoria la emoción de surcar el cielo, la extraña sensación que tuve la noche anterior a mi partida, aun me sigue rondando en el estómago. Mientras recogía las cosas de mi cuarto para hacer la maleta, noté como algo que sabía que tarde o temprano ocurriría, empezaba a hacerse realidad: el momento de la despedida estaba delante de mí. La mesa de escritorio quedó yerma, sin libros ni papeles por encima; las fotos de las paredes, algo descoloridas por el paso del tiempo, empezaron a sentirse huérfanas, y el armario donde tiempo atrás guardé mi ropa, empezó a tiritar de frío al quedar desnudo y sin abrigo. ¿No os parece como si las cosas adquirieran vida propia mientras las usamos, como si captaran una parte de nosotros mientras están a nuestro lado? Recuerdo una conversación que tuve con mi querido Miguelico Llamas (maravilloso escultor, para quien no lo conozca) donde me comentaba lo importante que era para él usar materiales que hubieran tenido un pasado, que hubieran sido usados, que tuvieran la energía de las manos que les dieron vida a lo largo de su historia. Sin saber muy bien el porqué, parte de esa energía, sale a la luz con el paso del tiempo, con la experiencia adquirida y nos transmiten algo especial, algo inexplicable pero completamente perceptible por los sentidos. En aquel momento, de aquella noche especial, recordé las palabras de Miguelico y le di la razón... o por lo menos, yo así lo sentí.

Al tener que marchar con tanta premura y urgencia, no me pude despedir de mucha gente como me hubiera gustado: Nasser, Wahid, Pestahz, Nickbeen, Zainab, Wahab, Abdullah, Merweis, Sardar, Hair Mohammad, Alí, Abul, Faiz, Haliq, Fazila, Rokshana, Safura, Lailoman (Laila), Malika, todos ellos gente con la que he convivido durante todo este tiempo y con los que he compartido momentos preciosos, y es que, a mi por lo menos, no me hacen falta hermosos paisajes, me sobra con estar rodeado de buena gente para disfrutar de la vida. En el fondo sé que durante estas dos semanas pasadas, ya me fui despidiendo de poco a poco de cada uno de ellos... por suerte, las nuevas tecnologías no dejan que nos alejemos demasiado de las personas que queremos.

Estando ya en Herat, he podido quedar con mi querido Barat Alí, el veterinario que ha trabajado, casi desde el principio, a mi lado. Él y Jawid, vinieron a la base militar a despedirse. Nos dijimos muchas cosas, nos dimos ánimos para el futuro, prometimos no dejar de escribirnos y nos dimos un abrazo de esos que no se olvidan nunca. Las palabras se marcharán con el viento, de eso estoy seguro, al final terminan por hacerlo tarde o temprano, pero las miradas y el calor de aquel abrazo, quedarán para siempre.

Ahora, toca emprender un nuevo camino, empezar a subir una nueva montaña con la ilusión y la incertidumbre que siempre nos genera lo desconocido, lo inexplorado. Es el momento de descubrir qué secretos se esconden allí arriba, donde la tierra y el cielo siempre terminan por encontrárse... Cada montaña es única, cada una es distinta a cualquier otra, incluso la misma montaña es diferente dependiendo del momento en que la subas y la gente con la que alcances su cima; así que el viaje que en pocos días emprenderemos está por escribirse todavía... ¿Nos vemos en el Cairo?


Besos para todos,


P.D. Podéis ver algunas fotos del viaje en helicóptero en: http://picasaweb.google.com/fsaneus/ViajeEnHelicoptero Y un vídeo en la siguiente dirección: http://www.youtube.com/watch?v=ZXQ3xa7xAPM A ver si os gustan. (El vídeo puede que tarde un poco en estar disponible porque lo acabo de subir, sed pacientes...)

Por qué no creamos nuestra propia cultura...

viernes, 14 de noviembre del 2008 a las 07:07
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Barat AlíNo deja de sorprenderme lo rápido que pasan los días. Creo que la última vez que os escribí fue hace dos semanas. No tengo perdón de Alá, lo sé, pero os tengo que decir que no es fácil mantener el nivel periodístico del principio. A todo se va haciendo uno, y lo que por el mes de junio era una sorpresa constante, ahora se ha convertido en parte de mi vida, de mi rutina. Recuerdo las primeras sensaciones que tuve nada más bajar del Hércules del ejército, todavía con la cabeza como un bombo por el ruido ensordecedor de los motores: ese paisaje desértico, las calles polvorientas de Qala-i-Now, las mujeres enjauladas bajo el burka, los niños clavando sus miradas en mi, la luz, el calor, la erosión del terreno, los colores de los vestidos de las niñas, los burros, las cabras, las ovejas de karakul, las manos agrietadas por el trabajo en el campo de las personas mayores, las sonrisas... Todo era motivo de una fotografía, de un pensamiento, incluso de una canción... Ahora, con la calma y la sabiduría que te otorga el paso del tiempo, esas miradas forman parte de mi día a día, ya no son extrañas, ya son conocidas. Los gestos de las personas se interpretan de manera distinta, hay un lazo de unión que te hace sentir bienvenido donde quiera que vas. Al saludar ya no dudas si acercar la mejilla mientras das la mano, ya no se te olvida ofrecer el té, ni llevarte la mano al corazón para dar las gracias. Empiezas a entender algunas palabras en Dari, e incluso, las usas cuando puedes y te acuerdas, lo que te hace estar más cerca de la gente. Se que voy a echar de menos muchas cosas de este país el día de mañana...

El otro día tuve una conversación maravillosa con Barat Alí, el veterinario local que trabaja conmigo. Estábamos discutiendo unos problemas que teníamos con un asunto de trabajo en el campo, y sin saber muy bien porqué, empezamos a charlar sobre la vida, sobre el porqué estamos trabajando aquí, sobre sus posibilidades de conocer otras culturas, sobre las costumbres de unos y de otros. Hablamos de la posibilidad de que viajara fuera de Afganistán a formarse, a conocer otros países; y él me decía que le encantaría poder visitar otros lugares y que además, su sueño, sería poder transformar la forma de pensar de los afganos... Barat Alí en el campoYo le dije que viajar es imprescindible para ser crítico y consecuente con lo que uno piensa de otras culturas, de otros países, pero que no se lleve a engaño, que cada país, cada cultura, tiene sus cosas buenas y malas, y ninguna es mejor que otra. Uno debe hacer para él, su propia cultura... cogiendo de cada una de las personas que pasan a su lado, lo mejor. Bara, con los ojos llenos de ilusión, me decía que le gustaría estar en un sitio donde nadie opinara sobre lo que hace o deja de hacer el vecino en su vida privada, un lugar donde no ir con miedo por la calle, donde uno no mandara sobre el resto, donde no existieran las armas... Todo esto lo comentaba imaginando que fuera de Afganistán el mundo es maravilloso. Yo traté de explicarle, que sí, que hay que luchar por eso, porque se respete a las personas siempre, sin mirar sus ropas, sus rasgos faciales, su género, su origen, su religión, sin importar si lleva el pelo largo o corto, respetando y aceptando que todos somos personas, ni más ni menos... diferentes, pero personas. Quise transmitirle que no debía caer en el error de despreciar todo lo que encierra su país, porque vive en un país fantástico donde la hospitalidad es una ley y la fidelidad con las personas que te rodean un principio de vida. Porque vive en un país donde el respeto por las personas mayores es máximo, y donde la gente disfruta ofreciéndote cuanto tiene (cuanto menos tienes menos necesitas para ti). Hay muchas cosas maravillosas en la cultura afgana que hay que conservar, y cada uno debe saber escoger con qué cosas desea quedarse y con qué cosas no. No nos vamos a engañar, hay mucha injusticia social en Afganistán y mucha crueldad, por supuesto, pero no hay que olvidar que la gente, la inmensa mayoría de las personas de cualquier nacionalidad, lo que quieren es vivir en paz, tener para comer, para educar a sus hijos, para vivir.

Mientras le decía todo esto, me imaginaba a Barat paseando por Madrid, de madrugada, sintiéndose por un momento libre... y de repente, podía ver a alguien insultándole por sus rasgos Hazaras (tipo mongol)... ¿Qué sentiría? ¿Se sentiría defraudado por romper ese sueño de encontrar un lugar donde las personas no juzgaran por el aspecto físico, ni la nacionalidad, ni las ropas, ni todas estas cosas superficiales...? Mi sueño sería poder llevarlo a España, no para enseñarle lo estupenda que es la cultura española, sino para que viera por sus propios ojos otras formas de relacionarse, de vivir, otras comidas, para poder ofrecerle lo que ellos me han ofrecido a mi. Os caería de maravilla, es un tío formidable.

Conocer, ver por ti mismo las cosas te hace ser más libre, te amplía la visión del mundo en el que vivimos; y lo más importante de todo es que te hace ser más tolerante con las cosas que desconoces...

Besos para todos,

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Una vez más... el burka

domingo, 02 de noviembre del 2008 a las 15:42
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La vida bajo un burka

La vida bajo un burkaAcabo de regresar de una comida a la que hemos invitado a nuestros compañeros y compañeras afganas. Nos hubiera gustado poder compartir con todos la comida, pero la segregación de género está muy arraigada y ha sido imposible. Las mujeres han hecho su "fiestecilla" por su cuenta y los hombres por la suya. Yo me he reído mucho con ellas porque son encantadoras. Estaban dentro de nuestra cocina comiendo y bailando, pasándoselo bomba mientras los hombres, fuera, sólo comían. Es cierto que es su cultura y que no podemos cambiar nada, pero da mucha pena no poder compartir de igual a igual con ellos y con ellas los afectos y los buenos momentos. Hay una cosa que sin querer si que estamos haciendo y es ser naturales y demostrar cariño de cualquiera de las maneras, tanto hacia ellos como hacia ellas. Al final, esto se convierte en un viaje donde ambas culturas se encuentran y conocen desde el respeto y el cariño. Maneras diferentes de vivir y de comportarse se exponen la una a la otra. Cada uno ve con sus propios ojos otra forma de tratar a las mujeres, de comer; otras formas de relación... al cabo del tiempo, cada cual decide cómo quiere vivir, o cuál es la forma que mejor encaja en sus esquemas mentales. La única diferencia es que las mujeres afganas tienen difícil cualquier tipo de cambio.

Cuando ha terminado la comida, ellas se han despedido con un "Hod ofice" y una sonrisa, con un adiós y una sonrisa... y bajo sus burkas de color azul se han alejado ocultando sus rostros del mundo. Jamás dejará de impresionarme una mujer con burka...

Y llegó el invierno...

viernes, 31 de octubre del 2008 a las 05:54

Consigo, a malas penas, salir de debajo de las cuatro mantas que han guardado con mimo el calor de mi cuerpo durante la noche. El aire de la habitación está helado. Las zapatillas parecen témpanos de hielo. Agarro el albornoz y con mucha pereza, salgo a la calle para ir a la ducha. Una vez debajo del agua calentita, el frío que tenía metido hasta los huesos se va mitigando. De vuelta a la habitación, parece que saliera de un balneario en pleno invierno, pero que agustito...

El día despuntó algo encapotado. La sensación térmica está distorsionada, se siente más frío del que realmente hace. En el comedor, la televisión narra el atentado de ayer perpretado por ETA en la Universidad de Navarra y por un momento, tengo la sensación de que el mundo padece de esquizofrenia en cada uno de sus rincones. Afganistán está de moda ahora y sale a diario en las noticias, pero hay tantos lugares donde el ser humano confirma su condición de lobo para sí mismo que me quedo con una sensación melancólica del planeta donde vivimos. A pesar de todo, el día a día aquí, me impide perder el optimismo por la gente. Si os acordáis, hace un Desde el fondo del pozopar de semanas empezamos a construir los reservorios de agua en la zona de Abkamari; pues bien, el domingo pasado conseguí que nos dieran una escolta para ir a ver cómo iban los trabajos. De los 40 reservorios previstos, habíamos empezamos con 5 de ellos a modo de prueba, para ver en qué cosas podíamos mejorar el diseño y la gestión de los trabajadores. Cuando llegué al primero de los cinco, me quedé asombrado de la velocidad a la que iba el equipo de afganos. En cuestión de una semana, habían excavado más de cinco metros de agujero en vertical y más de 5 metros en horizontal. Me comentaba la gente, que estaban trabajando hasta de noche. Colgado de una garrucha, me bajaron al interior de uno de los \"pozos\"- reconozco que no las tenía todas conmigo pero fue divertido -, y pude ver la dureza del trabajo que estaban realizando. Casi sin luz, a muchos metros bajo tierra, un grupo de hombres picaba sin descanso, dando forma al interior de la tierra. Al ritmo de trabajo que llevan, en cuestión de unos 10 días terminan la excavación para empezar con los trabajos de mampostería. Es evidente que el invierno se acerca y que en unas pocas semanas hará tanto frío que será prácticamente imposible trabajar. Por eso, tomé la decisión de comenzar ya con los 35 reservorios restantes, de cara a que puedan estar operativos antes de las primeras nieves. Me dio mucha alegría ver que la gente está con ganas, que ponen ilusión en algo común. Aquí eso no es tarea fácil. Las diferencias tribales y de clanes, permanecen muy arraigadas en la cultura afgana desde la época de los mongoles y tienden a ser muy territoriales y egoístas con las comunidades que no pertenecen a su mismo clan. Cambiar ese tipo de cosas es muy complejo, pero otro lado, es la única forma de conseguir que el sistema ecológico en el que viven pueda soportar la carga humana y ganadera existente. Si no trabajan conjuntamente para ordenar el pastoreo, para reforestar, para asociarse, para construir presas que favorezcan al colectivo y no a la individualidad, poco van a conseguir. Para la primavera estamos preparando un proyecto de movilización de comunidades que no se a donde nos llevará porque el reto es importante. La inseguridad de la zona, la falta de personal cualificado afgano que pueda moverse con libertad, nuestra limitación de movimientos,... todo hace que las ideas que se gestan en la oficina tengan luego una muy difícil salida al exterior. Pero bueno, hay que intentarlo. Las infraestructuras están bien, es algo que están construyendo ellos y que perdurarán un tiempo limitado si las conservan adecuadamente, pero lo que seguro hará avanzar a este país, es la capacitación, la enseñanza. El problema son los plazos, los tiempos, como siempre. Los proyectos a largo plazo no dan resultados inmediatos y no venden, pero no hay otra alternativa si se quieren hacer bien las cosas. De momento parece que hay voluntad de apoyar la iniciativa. Al parecer España va a permanecer en Afganistán durante unos cuantos años más, así que estamos en el momento de apostar por algo viable y duradero en el tiempo.

Y bueno, por el momento esto va siendo el día a día en Qala-i-Now. La verdad es que ya hay ganas de volver. Los paracas empiezan el relevo con los de montaña en unos días y la sensación es de que nos vamos todos a casa, pero no, para los paixas aun quedan unas semanitas de frío y trabajo. A mi me toca regresar a mitad de Diciembre, espero que la nieve me respete y me deje salir sin problemas de aquí para entonces... que yo el turrón no me lo quiero perder, ¡je! A ver si esta Navidad nos vemos, que ya van siendo meses en la distancia y se os extraña muchos a todos.

He subido algunas fotos a picasa: http://picasaweb.google.es/fsaneus

Lo dicho, besos para todos,

Fer.

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La maquinaria empieza a andar...

viernes, 10 de octubre del 2008 a las 05:29

Con la llegada del mes de octubre, ha empezado a colarse un agradable fresquito que anuncia la inminencia del crudo invierno. Un aire otoñal nos da los buenos días cada mañana, mientras el sol sigue calentando nuestras mejillas durante el resto de la jornada.

A pesar de quedar todavía lejos la primavera, los trabajos de identificación están dando sus frutos. La incertidumbre de no saber si todo el tiempo invertido en reuniones, viajes y contactos nos llevaría a algún sitio, se va mitigando. Con muchas dificultades, como siempre, por la inseguridad y la poca disponibilidad de salidas Jefe de Agricultura de Badghis con Los Ancianosa campo, vamos consiguiendo lo más importante, implicar a la gente local en todo lo que hacemos. Y es que no creáis que es tarea fácil, porque se unen muchos factores: el primero la poca estructura organizativa de la administración, después la precaria formación de los empleados públicos unida a una tendencia, heredada de años, de poner la mano antes de empezar a caminar y por último, nuestra idea, siempre errónea , de que puesto que ponemos el dinero podemos decidir sobre el futuro de esta gente. Nuestro trabajo es asesorar, formar y apoyar a un pueblo que, por diversas razones, se encuentra a día de hoy anclado en el tiempo. Escuchar, para aprender de ellos es un punto primordial si queremos no imponer nuestra forma de vivir, nuestro estrés productivo, nuestra cultura globalizada basada en un consumo que, a día de hoy, se tambalea a lo largo y ancho de todo el planeta. Se suele oír muchas veces que esta gente es vaga, que no trabajan, que no hacen nada, y quizás sería importante plantearse y darse cuenta de que tienen otra cultura, una manera diferente de relacionarse con el mundo, con los recursos naturales que tienen a su alcance. El ritmo de vida es diferente al nuestro y eso es así, sin más.

El caso es que por fin, después de mucho trabajar, hemos conseguido que el Departamento de Agricultura se Abrevaderos en Abkamarimueva. El proyecto de infraestructuras ganaderas en las zonas de pastoreo: reservorios de agua de deshielo, balsas, apriscos y heniles empieza a caminar. Primero, de manera piloto en la zona de pistachos de Abkamari y luego, si todo va según lo previsto, en Qades. Y lo mejor es que están siendo ellos los que están moviéndose para conseguir el apoyo y el compromiso de los ganaderos de compartir y cuidar las infraestructuras que se hagan. Son ellos los que están yendo a campo todos los días a reunirse con los ancianos de los pueblos. Nosotros, a fin de cuentas, quedamos como asesores técnicos diseñando las instalaciones, redactando los documentos administrativos de propiedad, financiando los materiales, etc. Y es lo que, bajo mi punto de vista, debe ser. De lo contrario cuando nos vayamos, nada de lo hecho perdurará porque nadie lo sentirá como suyo.

La reina de las ovejas

Así que es un placer deciros que estoy contento y que espero poder escribir muchas entradas como como esta donde os diga que el programa de extensión para ganaderos está también dando sus frutos... Imshala.

Besos para todos,

Fer.

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Ataque al PRT

sábado, 27 de septiembre del 2008
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La noche del 27 de septiembre, sufrimos un ataque con RPGs (proyectiles) en el PRT de Qala-i-Now. No os había dicho nada por no preocupar en casa, pero creo que es mejor que sepáis lo que ha ocurrido antes de que lo leáis en los periódicos y os asustéis más de lo necesario.

A eso de la una de la madrugada del citado día, lanzaron dos artefactos al PRT que por suerte, no causaron ningún daño. El susto nos lo llevamos, pero nada más. La noche fue muy movidita eso sí que es cierto. Al oir la primera explosión, todavía estaba medio dormido, pero instintivamente reaccioné como un autómata. No lo recuerdo bien porque te mueves por instinto, no piensas. Miedo no se siente, es tensión por no saber muy bien lo que está sucediendo. Me coloqué el chaleco y el casco como nos indicaron que debíamos hacer si ocurría algo así, y salí, como alma que lleva el diablo, corriendo hacía los bunkers correspondientes. Un vez allí, las sensaciones son confusas. Estás atento a todos los sonidos, a cada ruido que sucede afuera, a las informaciones que se van dando a través de los walkies de los militares... todavía tienes los ojos soñolientos. Pronto las bromas de unos y de otros van rompiendo la tensión del momento. Es imposible permanecer en ese estado durante mucho tiempo. Parece que no haya pasado nada, no eres capaz de recordar cómo han sucedido los acontecimientos. No recordaba haberme atado las cordoneras de las botas, ni en qué momento tomé el móvil para salir corriendo, pero lo había hecho todo. A eso de las 3 de la madrugada nos informan de que la alerta ha pasado, que podemos regresar a los corimecs (las casetas que sirven de habitación) a dormir. El cielo estaba estrellado como nunca. La oscuridad de la noche y de la base dejaban ver un millón de constelaciones. Hace frío. Ha pasado todo. Una vez en la cama... cuesta conciliar el sueño. ¿Ha sido real o ha sido un sueño? El cansancio enseguida se apodera de mi... me quedo dormido.

A la mañana siguiente, amanece y todo son corrillos preguntándonos cómo fue, qué ocurrió. Te sigues sintiendo extraño y a ratos se te suelta la risa floja... jo! lo que pasó anoche!. Pero nada más. La vida sigue. Como con todo lo que nos sucede, hay que aprender de ellas. Uno no sabe cómo reacciona ante situaciones de estrés como éstas, y es curioso.

Como experiencia está bien, pero con una de estas ya va bien, je!

Me gustaría transmitiros que aunque desde España las cosas no se vean nada bonitas, aquí no fue más que un susto. Una situación que debe servirnos para no bajar la guardia, para darnos cuenta de donde estamos e incluso para plantearnos lo que hacemos aquí. Tal vez no todo lo que llevamos para adelante se vea con los mismos buenos ojos con que lo vemos nosotros. Aun así, el día a día debe continuar, con la misma pasión, con la misma dedicación y cariño hacia las personas que te regalan sus sonrisas sin dudarlo.

Sinceramente necesitaba contaros lo que pasó porque para mi fue importante, pero no quería alarmaros. Las cosas siguen tranquilas y de hecho, no ha cambiado en nada nuestra vida diaria.

Os envío los artículos que hemos encontrado en los periódicos:

EL MUNDO: http://www.elmundo.es/elmundo/2008/09/28/internacional/1222629445.html
EL ABC: http://www.abc.es/20080929/nacional-nacional/ataque-insurgente-lanzagranadas-base-20080929.html

Se os quiere mucho a todos, un millón de besos,

Recuperando el aliento perdido

lunes, 15 de septiembre del 2008

Parecía que no iba a ser posible que nos dieran la escolta para la salida al valle de Abkamari, pero sí, el día de antes nos confirmaron que a las siete de la mañana saldríamos con un convoy militar dirección al distrito homónimo. Cargamos agua, comida y por si acaso, algo de abrigo que empieza a refrescar. El viaje comenzó movidito, las empinadas cuestas de arena y polvo se sucedían una tras otra y parecía que el 4x4 blindado en el que íbamos se descoyuntaría de un momento a otro. Delante llevábamos al agrónomo y al veterinario local en otro todo terreno la mar de bien pues ellos, más avispado que nosotros, se habían agenciado un chófer que se conocía la zona como la palma de su mano. Subíamos y bajábamos sin parar, atravesando un paisaje de colinas interminables. Un mar de cerros se alzaba delante nuestra al subir a cada collado. Ni un árbol en muchos kilómetros a la redonda, ni una mala yerba, solo polvo, arena y una imagen que embruja por si misma. No se lo que es pero deja boquiabierto. De repente, un sinfín de casas de adobe camufladas en el entorno aparecen al saltar un alto, un álamo, dos, tres... toda una alameda rodeando pequeños huertos de maíz forrajero y tomates se descubre ante nuestros ojos. Niños, muchos niños ataviados con vestidos de mil colores salen al encuentro del convoy. Somos la atracción, pero lo seríamos en cualquier lugar del mundo, que conste. Otra vez esas miradas, esas caras de sorpresa y misterio. Alguna sonrisa se escapa cuando alzas la mano para saludar. Los más pequeños no fallan, esos siempre te responden con naturalidad y desparpajo. Las arrugas de los ancianos delatan la crudeza de esta parte del mundo y arañan de nuevo esa parte de mi que se siente como pez en el agua entre ellos.

Localizamos un par de clínicas que mis compañeros construyeron el año pasado. Tienen muy buena pinta y parece que están funcionando a pleno rendimiento. Los accesos hay que arreglarlos porque la erosión es tan grande que las cárcavas y los torrentes no dejan un metro de carretera sin romper. Tras el deshielo y las lluvias torrenciales de primavera todo el terreno se viene a abajo. Hay tanto por hacer... A pocos kilómetros de las clínicas visitamos las tiendas de campaña que España montó como escuelas hace unos años. Alrededor de ellas hay mucha gente trabajando. Nos extraña, y al preguntarles nos dicen que van a construir un centro escolar de primaria. Parece una idea genial, ellos son los que deben tomar la iniciativa. Al asomarnos a las 3 tiendas de campaña de color azul vemos a medio centenar de niños y niñas atendiendo a las indicaciones del profesor. Enseguida se arma el bullicio, todos quieren mirar lo que pasa allí afuera. Les hago unas fotos y se las enseño en la cámara, les encanta verse en la pantalla. Sonríen. Hoy creo que se lo han pasado bien. Es un placer ver que no solo hay niños en la escuela, que las niñas tienen su hueco y que además hay bastantes, unas 15 o 20. Niñas mayores ya no, eso es cierto, pero hay cosas que no cambiarán en mucho tiempo. Las costumbres son algo arraigado y en lugares tan aislados del mundo son practicamente inamovibles, pero bueno, por lo menos cada día habrá más que sabrán leer y escribir que no es poco en una provincia donde sólo el 4% de las mujeres tienen estudios primarios.

De allí nos metemos en un cañón enorme y llegamos a otro poblado donde Barat Alí, el veterinario que trabaja conmigo ha contactado con el jefe del pueblo. Nos reunimos en la clínica veterinaria local (Veterinary Field Unit) con la que tengo intención de empezar a trabajar en cuanto afinemos el proyecto. El paraveterinario se muestra muy amable y hospitalario, como siempre. Le hacemos un montón preguntas sobre el ganado, la vida allí, el agua, el comercio. Viene más gente a enterarse de lo que pasa. Al poco rato somos una muchedumbre. Se les plantea la posibilidad de construir pequeñas infraestructuras ganaderas en las zonas de pistachos, donde aun queda tierra sin cultivar, puesto que es zona comunal (pública) y en primavera sale algo de pasto para el ganado. Se muestran muy receptivos a ayudarnos a identificar los lugares más apropiados. La idea es construir apriscos para el inviernos, depósitos de agua y balsa que sirvan de abrevaderos para las ovejas y las cabras que pastan en esas zonas. Da gusto verlos unidos. Se que me hablan con sinceridad, se que unirán sus fuerzas a lo que queremos hacer. Espero no equivocarme. Nos invitan a comer y a dormir esta noche en su casa. No nos queda más remedio que rechazar la invitación aunque sabéis que de buena gana, al menos yo, me quedaba.

A la vuelta pinchamos la rueda derecha de atrás del todo terreno. Un agujero de 3 centímetros de diámetro. No sabemos ni como se ha hecho, pero bueno. Cambiaos la rueda con ayuda de medio poblado y así dimos por terminada nuestra salida del día. A las 17:00 de la tarde llegábamos a Qala-i-Now llenos de polvo hasta las orejas y muy cansados, pero contentos de recuperar ese aliento perdido del que os hablaba en algún otro mail.

Besos para todos,


P.D. He subido fotos a picasa: http://picasaweb.google.es/fsaneus

Empezando un nuevo día en Qala-i-Now

jueves, 11 de septiembre del 2008

Son las seis de la mañana. Suena el despertador, abro los ojos, subo la persiana, me pongo el albornoz y a tientas me dirijo a la ducha prefabricada que está junto a mi "colimec" (mi caseta de obra, mi casa). La luz del día hace rato que lo inunda todo. Hace un día radiante, como siempre. El fresco de la mañana acaricia mi cara y se agradece aunque hace prever las bajas temperaturas que tendremos que soportar de aquí a unos meses. Todo empieza a fluir en la base. Parecemos hormiguitas, cada una con una misión: Los de verde, pelearse con los malos y jugar a la guerra, los "paixas" vestidos de mil colores de camino a la reunión matutina, la de las siete de la mañana. Después nos encerrarnos en la oficina para tratar de avanzar trabajo de gabinete, que es lo único que ahora podemos avanzar. La agenda cada día está más apretada, cada vez que nos suspenden una salida una tarea más que se acumula y el tiempo pasa y la época de nieves se acerca... Cuando el blanco lo cubra todo poco podremos hacer ya. Hace días que no podemos salir de "nuestro Gran Hermano" particular, tan solo hemos hecho pequeñas visitas dentro de la ciudad de Qala-i-Now, sobre todo relaciones institucionales que es lo que ahora más nos preocupa: hay que involucrar a las autoridades como sea.

El caso es que a todo se hace uno. A veces me sorprende la capacidad de crear en cada sitio donde uno va, su ambiente, su rincón, su espacio en el que uno se siente seguro, cómodo, tranquilo.

La rutina diaria hace que las semanas pasen volando. Pero me falta contacto con la gente de ahí fuera. Se me están olvidando sus caras. De vez en cuando tengo que revisar las fotos de hace unos meses. Es necesario salir, es necesario meterse en sus casas, saborear sus platos, entender sus risas, sus locuras, sus razones, de lo contrario perdemos toda perspectiva de la realidad. El sábado tenemos una salida larga, no os digo el lugar por medidas de seguridad pero tengo muchas ganas. Lo necesito.

De momento, todo lo que se identificó en junio y julio parece que va a poder implementarse o por lo menos gran parte de los proyectos. Ayer mantuve con la administración local la reunión más productiva de las que he mantenido hasta la fecha y me llenó de satisfacción. Trajeron los trabajos hechos. Ayer fue un buen día, sí señor.

En fin, que ya veis, las personas van cambiando pero aquí todo parece anclado en el tiempo... A ver si conseguimos arrancar los motores de un pueblo encantador.

Se os quiere y extraña.

Un abrazo a todos,

P.D. Estoy subiendo algunas fotos más: http://picasaweb.google.es/fsaneus

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Entendiendo la realidad de Afganistán

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